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Para el año 2016 pocos lideres empresariales creian en la rentabilidad y el potencial de inversión que significaría aplicar un sistema de gestión compliance en las empresas. En España, por ejemplo, el compliance surgió como una herramienta ligada de forma intima a la responsabilidad penal de las personas jurídicas, dispuesta en la reforma del año 2015 del Código Penal.

A tal punto que el compliance se convirtió en una especialidad de reciente desarrollo, con base al reconocimiento al sector empresarial por parte de los Estados de otorgarles la responsabilidad de prevenir delitos en su propia esfera de control y gestión.

Con esta decisión, a los empresarios se les obligó a tomar una postura mucho más seria ante los delitos cometidos por dependientes y directivos que en años anteriores. Muchos actores consideraban que acoger y aplicar estos modelos en el seno de su organización era una moda pasajera y por ende se resistían a modificar sus conductas empresariales.

El antes y el después lo marcaron las empresas multinacionales, con sucursales en países donde ya existía la responsabilidad penal en las organizaciones, que al momento de negociar contratos con inversionistas les exigían este tipo de normativas en su organización.

De tal forma que aunque fue una toma de conciencia forzada, el compliance se extendió a diversas áreas de las empresas donde eran susceptibles de generar incumplimientos aun cuando no fueran en el ámbito penal, tales como área laboral, tributaria, propiedad intelectual. Esto era una gran garantía para los terceros interesados en generar nuevas relaciones de negocios con determinadas empresas.

Resulta interesante analizar cómo estas metología de control de forma progresiva han ido sofisticando su alcance. La inteligencia artificial (AI) ha sido clave para las mejoras continuas. Para el año 2021 ya se iniciaban las conversaciones en distintos foros de inversión española, señalando que el compliance comprendería un potencial negocio en despegue entre los años 2022-2026.

Señalan incluso, que es una inversión bifurcada, donde se obtienen ganancias tanto desde la consultora que lo implementa en la organización, como para la misma organización.

El valor adquirido por las empresas, se traduce en:

  • Mayor transparencia
  • Mejores resultados en las supervisiones
  • Balances más óptimos
  • Credibilidad frente a la opinión pública
  • Figurar como ejemplo de cumplimiento normativo en su rubro
  • Buena reputación
  • Atractiva apariencia para terceros y futuros inversionistas.

 

 


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